LAS NOVENAS DE SAN JUDAS TADEO

Hoy es el quinto día que se celebran las novenas de San Judas Tadeo en la calle donde vivo, de nombre pomposamente militar: “Segundo retorno de héroes”. Se trata de un acto religioso y cívico que de forma tangencial nos remite a ese México mágico, ancestral, repleto de rituales fruto de la gran mezcolanza sus gentes y otorgado por la historia.
Y digo lo de tangencial, porque aunque visto desde fuera pueda parecer un rito antiguo, no lo es. Para mi sorpresa descubro que apenas se celebra desde 1998 y que al parecer ha calado poco a poco en no pocas barriadas, aquí llamadas fraccionamientos, de la ciudad.
Efectivamente, corría el 28 de octubre de 1998, cuando la previsiones meteorológicas daban casi por segura la llegada a Chetumal del huracán Mitch. El meteoro se presumía de fuerza cinco y con una capacidad destructora insospechada. Se temía lo peor para Chetumal, tanto es así, que cuentan la macabra anécdota que el gobernador del estado preocupado por la llegada del huracán pidió ayuda al gobierno de la República y al parecer este se apresto a enviar a la capital del Quintana Roo, un cargamento de bolsas de plástico con las que enterrar a los posibles cadáveres. No había tiempo de evacuar y esa era la solución de urgencia al asunto pensada desde la capital.
La divina providencia, para algunos, o el hecho de que los huracanes mantienen una trayectoria errática y muy variable, como nos dice la ciencia, hicieron que de madrugada este se alejase de las costas mexicanas para azotar de forma brutal Centroamérica, causando una de las mayores catástrofes humanitarias de la época reciente.
Si para unos pocos estudiosos, el Mitch fue uno de los causantes de la consolidación del fenómeno de las “maras” en Centroamérica, para algunos de los habitantes de Chetumal supuso la creación de un ritual católico de nuevo cuño para agradecer al santo de aquel día 28 de octubre, San Judas Tadeo, haber salvado a la ciudad. Ciudadanos que vieron en el salvamento un milagro. Incluso, el propio gobernador del Estado, hoy en prisión por conexiones con el narcotráfico, Mario “Chacho” Villanueva, alentado por algunos sectores ciudadanos de que Chetumal no tenia patrón, concedió tal honor a San Judas Tadeo, agradeciéndole el desvío del ciclón Mitch y probablemente, el retorno al DF de las bolsas para enterrar cadáveres.
Revisando algo de hagiografía me encuentro que este santo era uno de los doce apóstoles, hermano de Santiago el Mayor que predico el evangelio por Mesopotamia y fue martirizado a bastonazos de ahí que siempre aparezca en las estampillas con una vara. Según me dicen, es el patrón de las cosas difíciles y aquel que obtiene grandes milagros de Dios.
Hay un dato que me llama la atención: La licencia eclesiástica de la novena fue concedida el 7 de septiembre de 1998 por la diócesis primada de México, un dato que revela lo contemporáneo del acto, la vitalidad del catolicismo en México, pero también, la mano de algún capellán, muy bien informado, como inductor de la acción entre su feligresía.
¿Y en que consisten, las novenas? Estas se inicial el día 20 de octubre y duran hasta el 28 día del santo. Cada día, de 8 a 10 de la noche, nueve personas portan velas al altar que una de las vecinas ha armado en el porche de su casa. Esos vecinos, invitan a otros, a familiares, amigo y allegados a participar del acto. Y la anfitriona de la casa donde esta el altar, se encarga de que haya sillas para todos los asistentes.
Se trata de dos horas de rezos, letanías y cánticos al santo patrón que culminaran el día del santo en una procesión ciudadana por la calles céntricas de la ciudad y con una comilona popular, organizada entre las vecinas de la calle.
Este año, el acto lo ha organizado, al parecer ella ha sido una de las promotoras de él desde sus inicios, la inefable Patricia “Pati”. González Blanco. Esta chetumaleña comparte su sala de estar, amen de con su cachorro de chihuahua: “Totol”, con una figura de San Judas Tadeo de casi un metro de alto. A lo largo del año, es una figura decorativa más, y sólo en estos días, luce rodeada de velas (aquí llamadas veladoras) en un altar sencillo que le construye en el portal de su casa.
Este año, el influjo de San Judas, ha provocado otra acción. Enfrente de mi casa, vive el jefe de difusión y comunicación social de la Universidad, José Ángel Modesto Godínez , “Modesto” para casi todo el mundo. Es un hombre alto, con mostacho prominente, voz ronca y que gusta en exceso de Carlos Gardel y sus tangos, que hace resonar a muchos decibelios en la cabina de la ranchera que pilota. Modesto ha estado muchos años peleado con Patricia, por problemas político institucionales en la Universidad y no por problemas de vecinos. Han sido años de desprecios, saludos encubiertos y criticas soterradas, pero el sábado pasado a donde Modesto, le dio un amago de infarto cerebral y fue ingresado urgentemente. Este, al día siguiente, saltándose a la torera las recomendaciones médicas de reposo y observación en sala hospitalaria, firmo bajo cuerda su alta médica (algo del todo posible en estos lares y más si se sabe que eres un personaje influyente y con contactos como lo es Modesto). De ese modo, la noche del domingo aparecía Modesto en su ranchera, sonorizada a poco volumen, con la letra de ese famoso tango que es” Volver”.
“Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien... Sentir... que es un soplo la vida, que veinte anos no es nada, que febril la mirada errante en la sombras te busca y te nombra.
Una fina ironía, sin duda. Lo cierto es que al día siguiente estaba demacrado (emblanquecido me dijeron) ya que el incidente no era para tomárselo a la ligera. No fue a trabajar el lunes. Rápidamente, el rumor, de muerte y entierro de Genaro había corrido por algunos mentideros de la universidad. Rumorologia que me hace suponer que tiene grandes amigos.
Patricia, conocedora de la noticia, desde el sábado, al volver del trabajo a las cuatro de la tarde, lo vio sentado en el porche repleto de plantas de su casa pintada de siena. Acariciaba lánguidamente a su perro Pointer, de color café con la mirada perdida. Patricia, bajo del coche y le preguntó como estaba y le ofreció su ayuda desinteresada.
La plática de cortesía duro poco, pero media hora después, Modesto aparecía en la puerta de casa de Patricia, casi lloriqueando. Le dijo que le agradecía mucho su interés, que había sido la única persona que se había interesado por su estado de salud. Se sentía en deuda pero también, le sobrevino un sentimiento de arrepentimiento, ya que le confeso que ahora veía que se había comportado mal con ella por toda la mala prensa que había vertido sobre su persona a lo largo de un lustro.
¿Un nuevo milagro de San Judas Tadeo? No lo se. La vecina Patricia cogió al vuelo el arrepentimiento y lo invito a la novena de esa noche. A las ocho de la tarde, entre las voces femeninas que entonaban letanías había una de más bronca y profunda. Modesto rezaba al santo milagroso, acompañado de su señora y de una veintena de vecinos, amigos y allegados. Rezos que se han repetido hasta el día de hoy. Amen.

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